viernes, 29 de septiembre de 2017

Pimientos del piquillo rellenos de quinoa y chutney de mango

¡Feliz viernes! Ya estoy aquí. Disculpa mi ausencia la semana pasada, cambié el ordenador por una agradable excursión, con la Parroquia de San Pascual, a la exposición de las Edades del Hombre en Cuéllar. Y en un principio me daba pena irme y saber que seguramente no tendría tiempo para publicar; pero, sin embargo, se me fue rápido ese sabor agridulce porque la visita estuvo genial. ¡Te animo a que organices una escapada y, si vas antes del 12 de noviembre, te acerques a visitar Reconciliare y el pueblo!

Ay... la reconciliación y el perdón... creo que este septiembre ha sido el tema del que más me han hablado y sobre el que más he reflexionado (y sigo pensando en ello). Escribía sobre este asunto para otro blog (puedes ver aquí la entrada) y para octubre creo que voy a retomarlo abordándolo desde otra perspectiva. Mientras, hoy, me voy a quedar por aquí compartiendo alguna nueva receta. 

¿Qué? ¿Te empezaba a oler esto a nueva entrada "mística" (como la publicación de principios de mes),  y estabas pensando ya dejar la lectura? ¡Tú verás! Aquí hoy a lo que más olerá será a especias y si no sigues ¡te vas a perder estos ricos pimientos del piquillo rellenos! (Se ve que todavía mantengo vivo el recuerdo de mi camino de Santiago por tierras navarras y sigo buscando productos de la tierra).


Ingredientes (Para 2 personas):
8 Pimientos del piquillo
1/2 vaso de quinoa
1 cebolla
1 mango
sal, vino blanco, vinagre balsámico, azúcar moreno, jengibre, pimienta, canela, cardamomo y clavo, coco rallado *.

Preparación:
Lo primero que debes hacer es poner una olla con agua y sal a calentar para cocer la quinoa. Se hace igual que si fueras a cocer pasta o arroz pero lavándola bien antes.
El tiemplo de cocción suele ser unos 15 minutos así que mientras tanto aprovecha para trocear la cebolla y ponerla a pochar en una sartén.
Y ahora que ya está todo en marcha vamos a por el chutney de mango, ese del que asusta más el nombre que otra cosa. No te agobies que no deja de ser una mermelada especiada.
Pon al fuego un cazo con un chorrito de agua, uno de vino blanco, uno de vinagre balsámico, azúcar moreno, jenjibre, pimienta, canela, cardamomo y clavo. Pela el mango, córtalo en daditos y añádelo. Deja que hiervan hasta que vaya espesando.
Cuanto tengas todo listo mézclalo y rellena con ello los pimientos.
Finaliza el plato poniendo un poco de balsámico y coco rallado para decorar.
 
Curiosidades y consejos:
Para el relleno, si quieres, puedes usar arroz o cous-cous pero yo te recomiendo la quinoa por varias razones. La primera porque es un alimento muy rico en proteínas (contiene los 8 aminoácidos esenciales que se necesitan para su formación); después, porque también es buena fuente de fibra, hierro y magnesio; eademás porque no contiene glutén y eso también lo hace apto para celiacos; y, finalmente, porque tiene un sabor y una textura muy agradables. ¡Pruébala! 
Para cocinarla antes debes lavarla bien con un colador, de forma que el agua pueda correr y llevarse la saponina (una sustancia que recubre la semilla, le proporciona un sabor amargo y puede ser tóxica).
Para el chutney prefiero no darte medidas de azúcar ni especias. Ponlas tú a tu aire y acentúa el sabor de aquello que te guste más. Y si alguna de las especias que yo he utilizado no te gustan, o no las tienes en casa, prueba a sustituirla por otra cosa y luego me cuentas.
Mi pimienta fue una mezcla de blanca, negra, verde y rosa. 
El vino blanco que suelo usar es fino.
El balsámico, si te apetece, puedes utilizarlo de frambuesa (aunque sea para decorar nada más).
El coco rallado es algo opcional y perfectamente puedes omitirlo. Yo solamente lo utilicé al final pero puedes poner otras cosas como, por ejemplo, unos daditos de mango que hayas reservado previamente.
Y ahora, dime, ¿te atreves con estos pimientos? ¡Cuéntame después qué te parecen! Yo me despido por hoy y espero volver pronto.

sábado, 16 de septiembre de 2017

El Camino de Santiago Francés. De St Jean Pied de Port a Logroño

¡Hola! El viernes ha pasado tan deprisa que no he podido terminar la entrada a tiempo. Mira las horas a las que llego pero lo que importa es que ¡ya estoy por aquí una semana más!

Si el otro día te traía la receta de una sencilla brandada de bacalao, hoy no te vayas que vengo con algo más fácil todavía. He cerrado la cocina porque quiero contarte mis sitios de tapas y de etapas de este verano. Dicho de otra forma, aunque viene a ser lo mismo, vengo a compartir contigo mi última experiencia en el Camino de Santiago. Y si todavía no lo has hecho te invito a leer este post, en el que te recomendaba realizar la famosa peregrinación, a coger la mochila y a arrancar la marcha.



En 2013 mi punto de salida fue la frontera con Portugal. Esta vez me fui al País Vasco francés, concretamente a la pequeña localidad de Saint Jean Pied de Port, para iniciar desde allí el primer tramo programado de esta nueva aventura. Y, por supuesto, ni viajé sola ni volvimos los que fuimos porque por el camino crecimos.

Tal vez estés pensando que esta entrada no es para ti porque no te interesa eso de tener que andar un montón de kilómetros diarios. No te vayas y sigue leyendo que tampoco es una obligación vivirlo así, puedes ir, de un sitio a otro, en coche o en bus como me tocó hacerlo a mí durante tres días. Esta vez mis pies no aguantaron y tuve que aceptar otro reto: no finalizar en Pamplona como me hubiera gustado, agachar las orejas y buscarme un transporte alternativo para recorrer, cada día, las distancias que correspondían y no quedar descolgada del grupo con el que iba. Ay... ¿qué hubiera hecho sin La Estellesa? Buscar y pagar un taxi.

Mis etapas fueron estas:
  1. St Jean Pied de Port - Roncesvalles.
  2. Roncesvalles - Zubiri
  3. Zubiri - Pamplona
  4. Pamplona - Puente de la Reina
  5. Puente de la Reina - Estella
  6. Estella - Torres del Río
  7. Torres del Río - Logroño.
Y te voy a ir contando poco a poco sobre cada uno de ellas. ¿Cómo fue? ¿Dónde dormí? ¿Dónde comí? Aquí te lo dejo:

St Jean Pied de Port - Roncesvalles 
Esta primera etapa la dividimos en dos. Llegamos a media mañana al punto de partida (en un autobús que salió desde Pamplona), estuvimos visitando, mochila incluida, la pequeña pero encantadora localidad y después de comer, en plan pic-nic, por una especie de parque, emprendimos la marcha hacia el Refugio Orisson en el que pasaríamos nuestra primera noche.

Creo que fue todo un acierto emprender el camino esa misma tarde porque nos quitamos unos 7km de la primera etapa y gran parte de la pendiente. Lo malo fue el calor que hacía pero, sinceramente, mereció la pena. El precio fueron 36€/persona (cena + alojamiento + desayuno). Las vistas muy bonitas, la comida sencilla pero rica, la habitación correcta aunque con humedad y el ambiente fenomenal. 

Nos acostamos pronto porque al día siguiente nos esperaba una buena caminata y unas vistas todavía mejores. La verdad es que del camino a Roncesvalles cruzando el Pirineo poco te puedo decir. ¡Si quieres verlo tienes que recorrerlo! (O echar un vistazo a este servicio que he encontrado mientras preparaba mi entrada. Podrá aliviarte algo el trayecto pero no te librará de hacer igualmente una buena ruta). En definitiva... ¿qué es lo malo? Que seguramente esta primera etapa tal vez sea la más dura de todas. ¿Y lo bueno? Que su belleza compensa con creces el esfuerzo porque de la satisfacción posterior ya ni hablamos. Te dejo solamente una foto pero no hay paisaje o animal en todo el trayecto que no merezcan la pena ser captado con la cámara.



Ya en nuestro destino nos alojamos en el albergue de Peregrinos (12€/persona). Tapeamos a mediodía en Casa Sabina porque llegamos tarde al menú que, dicho sea de paso, tenía muy buena pinta. Cenamos en La Posada el menú de peregrino que ofrecía el albergue (10€ sin mal no recuerdo) pero no lo recomiendo porque el trato fue poco amable, la sopa que yo elegí resultó bastante sosa (a mi marido, sentado en otra mesa, incluso le sentó mal) y la trucha estaba demasiado seca. Sin dudarlo, si vuelvo repetiría en Casa Sabina y tal vez probaría la cocina del restaurante de la Casa de los Beneficiados, donde tomamos algo justo antes de irnos a dormir.

Roncesvalles - Zubiri
Si a Roncesvalles llegamos cruzando un impresionante hayedo por el bosque del Alto de Don Simón, de allí salimos por una senda que parte junto al arcén derecho de la carretera y va, hacia Auritz/Burguete (pequeño pueblo también de gran encanto), por el robledal de Brujas o Bosque de Sorginaritzaga.

La etapa tampoco fue fácil, no tiene el desnivel de la primera pero sí que es también un poco rompepiernas. Encontramos un sube-baja constante, con un terreno a veces algo balastado, no especialmente agradable para los pies, que, en mi caso, empezó a dar cita a todas mis temidas ampollas. Tal vez por eso para mí fue más duro caminar.
Pasamos por los altos de Mezkiritz, el de Errebelu, el de Erro, y no sé si alguno más que se me pueda estar olvidando, y llegamos a Zubiri cruzando el puente de la Rabia sobre el río Arga.

En Zubiri nos alojamos en el Albergue Zaldiko (10€/persona), y allí empezamos a estrechar lazos con los nuevos peregrinos que habíamos conocido. Tarde en el río; show en la puerta del albergue, con una guitarra que había allí y nosotros cantando, incluido; cena en el restaurante Gau Txori. Buen ambiente en general y una bonita amistad que, tal vez, se empezaba a fraguar. El paso del tiempo ahora nos lo demostrará.

Zubiri - Pamplona
Ya con los pies en un estado bastante lamentable emprendí la tercera etapa que pensé no se acababa nunca. Se me hizo larguísima, sobre todo el tramo final.

 
Pasamos por Larrasoaña (en realidad el camino mandaba a la izquierda pero nos equivocamos y dimos una mini vuelta por allí), Akerreta, Zuriain e Irotz. Y una vez cruzado el puente románico de Iturgaiz fuimos siguiendo el paseo fluvial del Arga. Elegimos no desviarnos hacia Arre ni pasar por Zabaldika, dejamos también a un lado Villaba y Burlada. Yo solamente pensaba en terminar, sentía mis pies como si llevara la suela de la deportiva llena de chinchetas. Me quedé sola un tramo y fue entonces cuando, reflexionando sobre unas preguntas que había planteado al grupo al inicio de marcha, decicí que mi camino había terminado allí. Al rato fue cuando me encontré con mi marido, que se había detenido a esperarme en un banco. Por él, por mis amigos que al llegar me insistieron y por otros motivos que no comprendía supe que si estaba allí era por algo y debía quedarme aunque no fuera lo que yo deseara.

Menos mal que Iruña es una ciudad que acoge, que arropa y que alimenta el espíritu y el cuerpo. Ese día nos alojamos en el Albergue Pamplona (15€/persona, desayuno incluido) y disfrutamos e intentamos olvidar los dolores tapeando por la ciudad. Te recomiendo, entre otros, la Cafetería Estafeta (pinchos clásicos con buena relación calidad/precio), el Gaucho (ideal para degustar alguna de sus deliciosas y creativas miniaturas), el Bodegón Sarría (que no es el más barato pero los pinchos son grandes y están ricos. He leído que fue impulsor del Juevintxo pero, curiosamente, vimos esa oferta en otros establecimientos y no allí) o el Mesón Pirineo (local también con una variedad de pinchos de decente calidad en el que acabamos la velada canturreando y montando un mini saraete). En definitiva, muchas risas en el grupo de peregrinos sibaritas que intentan no ir a albergues públicos para no tener toque de queda y no quieren cocinar para saborear con más intensidad la vida de los lugares en los que paran.

Pamplona - Puente de la Reina - Estella - Torres del Río
Fueron las tres etapas que no pude caminar. Ya por la noche en Pamplona hasta me apretaba la sandalia. Una de las ampollas no me drenaba porque el líquido se estaba volviendo espeso y turbio. Por ello, antes de irme hacia Puente de la Reina, preferí parar en el ambulatorio a ver si me las podían echar un vistazo porque me daba miedo que pudiera estar infectada.

Ese día fue especialmente duro, me dolían no solamente los pies sino el cuerpo entero y también el orgullo. Para colmo me sentía extremadamente cansada y tenía nauseas. Luego supe que mucho debió ser poque me estaba bajando la regla y con la endometriosis todo eso acaba siendo algo normal. Bastante bien se portó la enfermedad.
Aproveché dos de las tres jornadas para pasar a algunas iglesias que encontré abiertas y compartir el tiempo de espera con mi buen Pastor. Lástima que justo el domingo no encontrara ninguna para poder participar de la misa.

En Puente de la Reina dormimos en el Albergue Santiago Apostol y descubrimos el buen comer del Bar Aloa (según me dijo mi marido se lo recomendó el párroco del pueblo y no falló. ¡Riquísima la cuajada quemada).

En Estella optamos por dormir en el impecable Hostel Ágora. Ese día comimos una exquisita hamburguesa de chuletón en el Bar el Rincón y cenamos, con menos éxito, en un bar de la Plaza de los Fueros.

En Torres del Río acabamos alojados en el albergue Casa Mariela. Cogimos la cena que ellos nos ofrecían en el Hostal San Andrés para así, también, poder usar su piscina y pasar la jornada de la forma más amena posible porque en esta pequeña localidad no había mucho más. 

Torres del Río - Logroño
Por fin llegaba la última etapa. No quise perdérmela, mis problemas parecían darme un respiro y, sin dudarlo, ese día me calzé las deportivas para compartir al menos una jornada peregrina con un buen amigo de mi anterior camino. Después de haber pasado por la muy Noble y Leal Ciudad de Viana (digna de ser visitada con calma) llegábamos juntos y triunfales a Logroño. 


El camino no fue fácil pero en la meta nos esperaba la concatedral de Santa María de La Redonda, para dar gracias por el nuevo tramo finalizado, nuestra última noche en litera en el hostel Entresueños, y la famosa calle Laurel llena de locales en los que disfrutar del tapeo riojano.

Si te animas a ir hasta allí... para descubrir qué pinchos quieres pedir y el local al que acudir puedes asomarte a su web. Nosotros, como no podía ser de otra manera, cerramos la noche en la Pulpería La Universidad y pensando en cómo y cuándo continuar la marcha. Pero no hacia la cama porque sobrevivimos a la ruta de los elefantes sino hacia Santiago de Compostela, donde el apóstol nos espera.

¿Y tú? ¿Harás tiempo por aquí hasta la semana que viene? ¡No te vayas que regreso, siempre estoy en el camino! ;)

¿Has visto la lista de tapas y establecimientos? Echa un vistazo y luego, si quieres, dime en un comentario cuál no te perderías.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Brandada de bacalao

Estuve dudando si venir hoy con una receta o hablarte del tramo del Camino de Santiago que hice este verano. Al final, recordando y siendo fiel a eso que tantas veces me han dicho en los exámenes... "si no lo tienes claro opta por lo primero que hayas pensado", voy a contarte cómo preparar una rica brandada de bacalao. Es típica en Cataluña, aunque no exclusiva, y la versión que te traigo es la que recoge el Corpus Culinari Catalá.

Se trata de un sencillo plato, muy fácil de preparar y que puedes servir como un fantástico aperitivo. Tal como se aprecia en la foto que te dejo es una especie de puré de bacalao. En su preparación más tradicional se elaboraba igual que el all i oli, emulsionando con el mortero, pero yo debo confesar que he optado por usar la batidora. Más rápida y cómoda. Te cuento cómo puedes preparar una igual.



Ingredientes (Para 2 personas):
300g de migas de bacalao
2 dientes de ajo
Aceite, leche y perejil.
Sal *

Preparación: 
Es muy, muy, similar a la del bacalao al pil pil.  
Se pone a calentar una sarten con un chorreón de aceite. Se laminan unos ajos, se fríen en él y se reservan. Se pone el bacalao a confitar y cuando esté listo se añade un chorreón de leche. Se mueve un poco y se pasa todo al vaso de la batidora. Se bate, se rectifica el punto de sal si fuera necesario y se pone en un cuenco adornado con un poco de perejil. Y ya está lista para degustar.

Curiosidades y consejos: 
En algunas versiones, para suavizar el sabor o ayudar a emulsionar, se añade nata a la preparación, patata o, incluso, gelatina. Yo personalmente la prefiero sin grandes artificios y me encanta así de sencilla.
Dicen que es un plato de invierno, supongo que porque es la estación que se ajusta a la temporada del bacalao, pero lo cierto es que se puede preparar en cualquier momento del año porque no es difícil encontrarlo congelado o en salazón.
Si el bacalao es fresco no tienes que hacer nada; si es congelado al punto de sal ya sabes que hay que descongelarlo antes; si lo has comprado en salazón, como fue mi caso en esta ocasión, te toca ponerlo en remojo entre 24 y 48 horas antes (cambiando el agua cada 8h aproximadamente). 
Si has usado lomos de bacalao en vez de migas y tiene piel, quítala antes de ponerlo en la batidora.
A mí me gusta comer la brandada templadita pero también puedes prepararla con antelación y servirla fría (eso sí, sácala un rato antes para que al menos atempere).
Te recomiendo que lo sirvas con unas tostaditas de pan y lo degustes como si fuera paté.

Y dicho esto me voy a ir a picar algo porque se me ha abierto el apetito. ¡Ah! Si quieres, mientras regreso, puedes dejarme un comentario. Te invito a contarme si ves asequible preparar este plato o si, por el contrario, te parece algo complejo. Admito también alguna sugerencia para mejorarla y, ¿por qué no?, acepto retos para probar con algo nuevo que quieras aprender a hacer. Por supuesto, si te ha gustado, puedes invitar a otros a que se asomen a mi humilde blog. ¡Espero estar de nuevo por aquí muy pronto!

viernes, 1 de septiembre de 2017

Ni recetas ni crónica de las vacaciones... hoy me rindo al Amor de los Amores

Terminaron el curso y las vacaciones. Arranca de nuevo septiembre, vuelvo a estar en el paro pero, como no hay mal que por bien no venga, ¡ya estoy aquí otra vez, no me lo creo! Vuelvo tras varios meses de silencio bloguero y vengo con un tema que tal vez no sea el que más te interese. Sé que, seguramente, este no va a ser el regreso que habías pensado pero no quiero seguir frenando el deseo que tengo de contarte algo. He decidido exponer públicamente, como el que sale del armario, que de un tiempo a esta parte siento que mi vida está cambiando.


Últimamente lo que más me preocupa es aprender a reconocer cuál es la voluntad de Dios y le pido con frecuencia que me dé la inteligencia y sabiduría necesarios para saberla descubrir, así como la valentía y la fuerza suficientes para aceptarla y cumplirla. ¡Quiero vivir el plan que tenga pensado para mí! Y no te alarmes que, dicho así, puedes pensar que de repente quiero meterme a monja; sin embargo no es eso, aunque sí que me gustaría que llegaran nuevas vocaciones y algunas fueran a parar al convento de San Pascual en Aranjuez.

Hace tiempo escribía que había empezado a abrir los brazos a Jesús, que tenía dudas pero que confiaba en Él y que sentía que hablando del Resucitado yo resucitaba también. Desde entonces, poco a poco, sin presión ninguna por parte de nadie (no vayas a pensar que he caído en los brazos de alguna secta) y simplemente buscando alimentar el hambre espiritual, la paz interior o la curiosidad (que ya sabes que es la misma que mató al gato), fui convirtiendo casi en un hábito algo que en mí parecía increíble no muchos años antes. ¿El qué? Esto:
  • Acudir a misa los domingos (bueno, yo suelo ir los sábados por la tarde aunque en verano rompa un poco la rutina) y días de precepto.
  • Dejarme caer un ratito los jueves, aunque sea in-extremis, a los pies del Santísimo.
  • Acercarme los lunes hasta el centro parroquial para disfrutar de un buen rato de oración en agradable compañía.
Y con estas nuevas rutinas, además de trabajando diariamente mi fe (con frecuencia bastante pequeña) o mareando con mil dudas e historias al sacerdote de mi parroquia y algunos feligreses con los que tengo más trato, llevo meses con la sensación de que mi forma de ver las cosas se está transformando progresivamente. Sí, sí, de verdad, sé que sigo en periodo de conversión, que tengo mis días, y que no siempre me resulta fácil ni agradabe; pero lo cierto es si me hubieran dicho hace dos años que acercándome a la Iglesia iba a estar así no me lo hubiera ni creído ni dado dos duros por ello. ¿Cómo estoy? Te lo cuento:
  • Rodeada de un montón de gente buena que me alegra el corazón.
  • Exactamente igual que siempre pero empezando a tomarme, de vez en cuando, las cosas de forma diferente.
  • Siempre buscando vivir esperanzada y queriendo confiar en que todo lo que me pasa, aunque no lo comprenda y a veces me llene de tristeza, es lo mejor para mí.
  • Urdiendo mi próxima publicación y esperando aquí un comentario tuyo en el que me cuentes si reconoces, o no, cuál es tu misión (yo, si te soy del todo sincera, con frecuencia no consigo determinar muy bien cuál es la mía y tal vez por eso he tenido la necesidad de redactar esta entrada).
  • Cantando lo que puedo con mi guitarra, escribiendo y dando gracias por las muchas cosas buenas que vivo cada día a pesar de los baches o miedos que esconde mi sendero.
  • Imaginando cómo esa música o mis palabras, en algún momento, podrían mover o conmover a alguien.
  • Temerosa por si no sé seguir la pista del "Loco" del camino, la verdad y la vida.
  • Alegre porque me consta que, si mi ignorancia y debilidad hacen que me equivoque, Él siempre volverá a por la oveja perdida de su rebaño y esperará paciente hasta que quiera abrirle nuevamente los brazos.
  • Dichosa de sentirme querida por el "Verdadero Amor". 
  • Afortunada porque me lo encuentro cada día en ese Pastor Divino que me ofrece, como un niño en brazos, mi querida Virgen Santa María del Rocío.

Y por eso, y por Ella que en mí despierta una devoción tan grande, quiero renovarme. Quiero ser mejor persona y soñar que vuelo como una Blanca Paloma; quiero vivir Señora siempre a tu estilo; quiero mantener viva la llama que en mi corazón Él, mejor que nadie, sabe que se ha encendido; quiero ir con vosotros, por los caminos o las duras arenas; quiero quereros y pedir que nunca me abandonéis porque moriría de pena. Reina de las Marismas, protege siempre a esta pobre alma rociera.

Amigo lector o amiga lectora, si no has huido espantado y has llegado hasta aquí, nos vemos la semana que viene (tal vez con una receta y seguro que con mucho amor). Vete feliz porque finalizando este post hice una pausa antes de publicarlo y recé por ti.

sábado, 21 de enero de 2017

Porrusalda

¡Qué rápido pasa el tiempo! Creo que ya me iba tocando dar señales de vida... ¡feliz año! ¿Cómo te está tratando Enero? Espero que todavía no hayas abandonado ninguno de los propósitos que te marcaste, yo sigo con ellos. La verdad es que al final, después de pronunciarme en noviembre sobre la desilusión que a veces me genera la red (puedes releer la entrada aquí), he decidido no echar el cierre a este espacio. Ya son cuatro años por aquí y quiero pensar que alguien habrá al que pueda gustarle leer mis batallas o descubrir mis recetas. Parecía que se me iba a resistir encontrar el momento de continuar con la actividad bloguera pero hoy, por fin, he podido sentarme a redactar. Voy a intentar mantener el viernes como día de publicación (aunque llegue de madrugada) pero no descarto tampoco tener que modificarlo más adelante, depende de la cantidad de trabajo y tareas que tenga. Y dicho esto voy a ver qué puedo ofrecerte hoy. ¿Te apetece una porrusalda? 

Mi objetivo al cocinar es principalmente preparar platos con los que cuidarme y sentirme mejor (o cuidar y hacer sentir mejor a mis invitados, cuando los tengo). Por lo general no busco pasarme largas horas en la cocina ni que mi mérito sea hacer el plato más elaborado. Me gusta la cocina sencilla, de andar por casa, y preferiblemente rápida aunque no siempre lo consiga. No sé si alguna vez mis platos han podido parecerte sofisticados pero te aseguro que no lo son, especialmente este que traigo hoy.

La porrusalda es una receta típica de la cocina vasca, apta para economías humildes y que se elabora con dos habituales productos como son los puerros y las patatas. Además es ideal para el tiempo frío que esta semana nos está acompañando.


Ingredientes (Para 2 personas):
1 cebolla
2 puerros
2 patatas
1 ajo
Aceite, sal, pimienta y vino blanco

Preparación:
En una cacerola se pone a calentar aceite. Se trocea una cebolla y se pone a pochar. Se limpian los puerros, se trocean y se añaden. Mientras van sofriendo la cebolla y el puerro se pelan la patatas, se cachan y se añaden a la olla. Se añade un ajo machacado. Se salpimenta todo y se pone un chorrito de vino blanco. Pasados 5 minutos se cubre con agua, se rectifica el punto de sal y se deja que hierva hasta que esté tierna la patata.

Curiosidades y consejos:
El vino blanco que yo suelo utilizar es el fino o la manzanilla.
Si en lugar de agua tienes caldo de verduras puedes utilizarlo.
Si quieres puedes añadir igualmente alguna zanahoria o un trozo de calabaza. 
Si quieres darte vacaciones un día a la hora de cenar puedes hacer más cantidad y preparar una rica crema de puerro para otro día. 
Y, aunque no es necesario porque así solo está buenísimo, si no te importa que deje de ser vegano puedes poner bacalao que también venía como ingrediente en la receta que yo cogí como referencia. 

Espero que te animes a prepararla pronto y me cuentes qué te parece. Y, por supuesto, me interesaría saber si le pones o le quitas alguna cosa. ¿Cómo es tu versión preferida?

lunes, 19 de diciembre de 2016

Bizcocho de coco

Supongo que si te digo que estas últimas semanas no he podido publicar porque no he parado con eventos y encuentros varios lo vas a entender perfectamente. ¿Acaso tú no tienes la sensación de que en estas fechas te falta tiempo? Publiqué durante el puente de la Inmaculada mi última parada Navarra con una propuesta para que te fueras de escapada; pero yo aproveché esos días para quedarme en casa y hacer un montón de cosas. No te voy a contar a qué me dediqué porque se llevaría publicación y media. Hoy, mejor, quiero aprovechar para compartir contigo una receta de esas que seguro puedes llevar a alguna reunión de las muchas que se hacen estos días. ¿Te apetece un trocito de bizcocho de coco? Junto a unos churros caseros puede ser ideal para mojar en un buen chocolate caliente alrededor de una mesa junto a un grupo de amigos.

Bizcocho de Coco - Cosas de MaGo

Ingredientes:
3 huevos
1 yogur de coco 
3 medidas del yogur de harina
1 medida del yogur de azúcar
1 medida del yogur de coco rallado deshidratado
1/2 medida del yogur de aceite de coco
1 cucharadita, de las de café, de bicarbonato
aceite de coco (para engrasar el molde)

Preparación:
Se ponen en un bol los huevos, el yogur, la harina, el azúcar, el coco rallado, el aceite y el bicarbonato. 
Se mezcla todo bien con las varillas, se engrasa el molde con un poco de aceite y se añade la mezcla. Después se mete al horno unos 35, aproximadamente, a unos 170º.
Cuando lo saques ponle un poco más de coco rallado por encima para adornar.

Curiosidades y consejos:
Quizá lo más curioso que pueda contarte de esta receta es que yo compré el aceite de coco para utilizarlo como hidratante corporal pero, como el mío es comestible, a veces lo estoy usando en alguna receta (si te apetece puedes echar un vistazo a las tortitas americanas en las que también lo puse).
Ahora, con el frío, el aceite de coco solidifica. Yo no me he molestado mucho en subirle la temperatura para licuarlo, he rascado con la cuchara y he llenado la media medida del yogur.
Si no tienes este aceite puedes usar el de oliva o de girasol y, si quieres, el yogur de coco puedes cambiarlo por uno natural. Eso sí, que sepas que de serie el bizcocho no es que tenga un sabor potente a coco (bueno, a mí realidad es que me parece una fruta un poco insípida) y con estos cambios perderá aún más.
Si eres goloso y te gustan las cosas dulces ponle por lo menos otra medida más de azúcar.
Y yo no lo he hecho pero se me está ocurriendo ahora... ¿qué te parece si te propongo bañar los trozos de bizcocho en chocolate fundido y una vez solidificado ofrecerlo en casa a modo de coquitos bizcochados de Navidad? En este caso no los acompañes con más chocolate sino un buen café con leche o una infusión, jejeje.
¡Si lo haces no olvides contarme cómo quedó! Y si además tienes un blog y lo publicas deja por aquí un enlace para que pueda pasarme a verlo.
¡Feliz semana! Intentaré regresar este viernes pero, por si acaso no llegara a tiempo con el jaleo de las fiestas... ¡Feliz Navidad también!

martes, 6 de diciembre de 2016

Visitando el Reyno de Navarra. 4ª Parada "Estella/Lizarra"

Con unos días de retraso pero aprovechando que estamos de fiesta he querido venir a destiempo. He pensado que quizá te apetezca hacer una escapada de última hora y, ¿por qué no?, el destino de mi cuarta parada por tierras navarras puede ser el plan ideal para disfrutar del puente de la Inmaculada Concepción.

¿Conoces Estella? 

Pasé por dicha localidad en prácticamente todos los desplazamientos que hice estando por Navarra y no fue hasta el último día cuando aprovechamos, mi marido y yo, para dedicar unas horas a pasear por las calles de este encantador municipio. Su nombre en euskera es Lizarra. Su principal reclamo es su rico patrimonio histórico-monumental, además de que es ciudad de paso del camino de Santiago, o que está muy cerca de la sierra de Urbasa-Andía (donde puedes visitar el Nacedero del Urederra del que te hablaba en la anterior parada). Entre los lugares que nosotros visitamos se encuentran:
  • Puerta de Castilla. Puerta medieval de entrada a la ciudad. 
Puerta de Castilla
    • Palacio de los Reyes de Navarra. Único ejemplo de arquitectura civil románica que se puede encontrar en esta comunidad y en la actualidad alberga el museo Gustavo de Maetzu.
    • Antiguo Ayuntamiento. Edificio barroco que hoy los juzgados. 
    • Iglesia de San Pedro de la Rúa. Principal iglesia de la ciudad que, entre otras muchas bellezas, posee un fantástico claustro románico.
    Claustro Románico de San Pedro de la Rúa
    • Palacio de los San Cristóbal. Es un edificio de estilo plateresco que hoy acoge la Casa de la Cultura.
    • Palacio del Gobernador. Actual sede del Museo del Carlismo.
    • Puente de la Cárcel. También llamado puente picudo.
    • Iglesia de San Miguel
    • Casa de las Conchas
    Casa de las Conchas
    • Iglesia de San Juan
    • Edificio de la Estación. Que a día de hoy es la estación de autobuses y el lugar en el que se encuentra el Consorcio de Turismo.
    • Convento de Santa Clara
    • Paseo de los Llanos
    Te recomiendo que te hagas con uno de los planos que puedes conseguir en la web de Turismo de Tierra Estella y realices la ruta propuesta. No necesitarás mucho tiempo para llevarte una impresión general del lugar. Y si tienes tiempo acércate también a conocer los monasterios de Iratxe y de Irantzu.

    En Estella además de bonitos monumentos podrás disfrutar de una buena gastronomía. Nosotros así lo comprobamos en el restaurante Katxetas, en el que degustamos un rico menú con productos de la tierra que no nos defraudó.

    Puedes encontrar más información en las siguientes webs:
    Si te animas a ir no olvides contarme después qué te ha parecido. Me gustará saberlo.